Conservar la individualidad y no alienar la personalidad propia a la del ser amado, es una condici�n fundamental para que la relaci�n de pareja permanezca fortalecida; el que seas sinceramente admirado por tu pareja y t� admirarle a �l por sus cualidades personales, es el combustible que mantiene viva la flama del amor. Sorprenderse de lo que es capaz de lograr y de ser al ser que amas, es algo que mantiene vivo y refrezca al amor. Siempre es excitante saber que el otro es indescifrable, enigm�tico y motivo de nuestra sorpresa; como bien lo dice Rolad Barthes en su famoso y exquisito libro Fragmentos de un Discurso Amoroso:
“Estoy aprisionado en esta contradicci�n: por una parte, creo conocer al otro mejor que cualquiera y se lo afirmo triunfalmente (�Yo te conozco. �Nadie m�s que yo te conoce bien�); y por otra parte a menudo me embriaga una evidencia: el otro es impenetrable, inhallable, irreductible; no puedo abrirlo, remontarme a su origen, descifrar el enigma. �De d�nde viene?, �qui�n es? Me agoto; no lo sabr� jam�s”
Por ello, es imprescindible que, en la relaci�n de pareja, ambos part�cipes vayan a la par en los esfuerzos por superarse como individuos en el plano moral, en lo profesional, en lo cultural, desde luego en lo emocional e incluso en el mejoramiento f�sico y el progreso econ�mico. No hace falta detenerse a explicar que las relaciones de pareja homosexuales son radicalmente distintas a las relaciones heterosexuales, pues la diferencia de roles establecidos socialmente se diluye ante la igualdad de g�nero en los miembros de la pareja, pero a veces sucede que se trata de equiparar una relaci�n homosexual con aquellos roles propios de una h�teroseual y le confunden con una grosera equivalencia que agudiza la competencia entre los semejantes. Tal vez esa sea la causa de que muchas relaciones homosexuales caigan en la trampa de adquirir roles pasivos y activos, el dominante y el receptor (”mi marido”, dicen algunos al referirse a su pareja); y si bien muchos son felices representando estos papeles, por lo general este tipo de asociaciones no tienen resultados tan duraderos o constructivos como cuando ambos miembros de la pareja asumen una condici�n de igualdad y equidad emocional. Una relaci�n entre dos hombres nunca ser� semejante, ni aspira a serlo, a una relaci�n entre un var�n y una mujer (lo que tambi�n se aplica a las relaciones l�sbicas).
Y no se confunda individualidad con ego�smo. Una persona segura de s� misma, de su riqueza individual, y que adem�s tenga la capacidad de amar, siempre estar� abierta y dispuesta a compartir lo mejor de s� con total franqueza. Una individualidad fortalecida, bien construida, necesariamente resultar� en una persona segura de s� misma y -sobre todo- poseedora de la certeza de aquello que busca en una relaci�n afectiva, en una pareja. Cuando ambas partes de la pareja cuentan con esta caracter�stica, desde luego nada f�cil de alcanzar en el plano individual, la relaci�n tiene ganada ya gran parte del camino.
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