Dia Internacional de la lucha contra el SIDA
1 de December 2005
Hoy, en el dia Internacional de la lucha contra el SIDA quiero compartir con ustedes estas dos columnas escritas por Marta Dillon en el diario Pagina 12

Hace siete a�os y medio me enteraba que de que en adelante iba a tener que vivir con el virus vih en mi cuerpo y cre�a que eso no ser�a por mucho tiempo. La muerte respiraba en mi nuca con tal fuerza, que hasta pod�a ver el humo de su aliento nubl�ndome la vista. Yo intentaba mirar para otro lado. Me deslumbraba con el amanecer, descubr�a cada vez lo maravilloso que era el mate cuando se cumpl�an todos los pasos de su preparaci�n, cu�n incre�ble resultaba que yo misma abriera los ojos por la ma�ana y todo siguiera igual, la radio en su sitio, mi hija esperando su leche, el sol o la lluvia o el largo camino a ning�n lado que significa la rutina diaria. Con el tiempo me fui acostumbrando a que no me mor�a tan r�pido, la excepci�n hab�a pasado, la muerte se entreten�a con cualquier cosa, como si yo fuera una m�s. Una que pod�a morir de sida o en un accidente de autos, qui�n pod�a adivinarlo. Es dif�cil acostumbrarse, casi tanto como tomar conciencia de la propia mortalidad. El tiempo corre a su modo cuando comprendemos que no volver�, que andamos un camino que se deshace a nuestras espaldas. No hay vuelta atr�s. Las heridas no se curan, apenas cicatrizan. Y es esa huella y no s�lo el adn lo que dibuja el mapa que nos hace irrepetibles. Hace tiempo que entend� que tener vih no es estar condenada a muerte, al menos no en los pr�ximos d�as, no porque el sida vaya a determinar cu�ndo. Desde entonces una leve amnesia me nubla de vez en cuando, me olvido de lo que aprend� cuando cre�a que la vida era tan fr�gil que merec�a cuidados especiales. Est� bien que as� sea, pienso. Nadie puede vivir todo el tiempo pensando que puede morir al d�a siguiente. De hecho supongo que en Bagdad la gente iba al mercado en plena guerra para olvidar que puede morir, para alimentarse, para seguir viviendo. No hay otro modo de resistir m�s que seguir empecinadamente el camino hacia adelante.

Dia mundial de la lucha contra el SIDA
�Hay que decirlo o no?, fue la pregunta que descerrajaron los medios durante la semana pasada a todo aquel que viviera con vih y se prestara a la consulta frente a los micr�fonos. El disparador hab�a sido la �confesi�n� de Fernando Pe�a, nada amigo de la correcci�n pol�tica, de su condici�n de �sidoso de mierda�. Uso las comillas para confesi�n porque �se es el t�rmino que usaron los medios y que aprovecharon para extenderlo a otro tipo de secretos develados referidos a las elecciones sexuales de los que se decidieron a hablar. Con la tradici�n cat�lica que llevamos a cuestas es imposible no pensar que en ese acto (el de la confesi�n) est� implicito el pecado y el arrepentimiento, aunque m�s no sea el arrepentimiento de haber caminado por las sombras. Ahora que ya fue dicho es posible que el confesado guarde su bajo perfil, establezca relaciones estables o por lo menos lo m�s parecidas a las que estamos acostumbrados, fieles y heterosexuales. Tal vez por eso la elecci�n de los t�rminos de Pe�a, que lejos de buscar ecos en la compasi�n, suena en los o�dos como una u�a en el pizarr�n. �l dice en voz alta lo que la mayor�a bienpensante murmura o almacena para futuras confesiones (�Hasta que te conoc� no me animaba a tomar mate con alguien que tuviera sida�, por ejemplo). �Hay que decirlo o no hay que decirlo? Obviamente en este marco contestar esa pregunta es un atrevimiento, �c�mo saber lo que HAY que hacer? Cada uno hace lo que puede y sin duda algunos contamos con m�s redes que otros al momento de lanzarse al vac�o. De todos modos imagino que cuantas m�s voces se escuchen, m�s lejos quedar� el espanto y ya no ser� tapa de revista el que alguien se acueste con hombres, con mujeres o con ambos. Y en el caso particular que nos ata�e �el del vih�, tal vez sirva para plantear una zona de grises bastante vital. Quiero decir, en lugar de temer por la fuente de trabajo en el momento en que se dice �vivo con vih�, estar�amos preocupados por mejorar las condiciones laborales de esa misma persona para que vivir m�s, como prometen las pastillas, signifique tambi�n vivir bien. Y s�, estoy hablando de cierta franja de afortunados que alguna vez ingresaron al mercado laboral y otra serie de beneficios. Y s�, ya s� que la mayor�a de los que viven con vih tendr�an que plantear primero c�mo hacer para comer todos los d�as. No s� si hay o no hay que decirlo, para m� es m�s f�cil hablar y dejar que el resto se haga cargo de sus propios temores. Y si se trata de registros, �ltimamente prefiero el de Fernando Pe�a rasgando las vestiduras de quienes inventan t�rminos para nombrar lo que la calle escupe. No hay mejor manera de neutralizar los t�rminos despectivos que apropi�ndoselos, sino preg�ntenle a cualquier amigo gay cu�nto le gusta la palabra puto para usarla entre los amigos. O la palabra torta a cualquier chica que prefiera irse a la cama con otra chica. A m� lo de sidosa me sigue dando en el h�gado, pero como en un juego de ni�os, a lo mejor de tanto repetirla empieza a perder sentido.

Escrito en: Personal

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