Hoy, en el dia Internacional de la lucha contra el SIDA quiero compartir con ustedes estas dos columnas escritas por Marta Dillon en el diario Pagina 12
Hace siete a�os y medio me enteraba que de que en adelante iba a tener que vivir con el virus vih en mi cuerpo y cre�a que eso no ser�a por mucho tiempo. La muerte respiraba en mi nuca con tal fuerza, que hasta pod�a ver el humo de su aliento nubl�ndome la vista. Yo intentaba mirar para otro lado. Me deslumbraba con el amanecer, descubr�a cada vez lo maravilloso que era el mate cuando se cumpl�an todos los pasos de su preparaci�n, cu�n incre�ble resultaba que yo misma abriera los ojos por la ma�ana y todo siguiera igual, la radio en su sitio, mi hija esperando su leche, el sol o la lluvia o el largo camino a ning�n lado que significa la rutina diaria. Con el tiempo me fui acostumbrando a que no me mor�a tan r�pido, la excepci�n hab�a pasado, la muerte se entreten�a con cualquier cosa, como si yo fuera una m�s. Una que pod�a morir de sida o en un accidente de autos, qui�n pod�a adivinarlo. Es dif�cil acostumbrarse, casi tanto como tomar conciencia de la propia mortalidad. El tiempo corre a su modo cuando comprendemos que no volver�, que andamos un camino que se deshace a nuestras espaldas. No hay vuelta atr�s. Las heridas no se curan, apenas cicatrizan. Y es esa huella y no s�lo el adn lo que dibuja el mapa que nos hace irrepetibles. Hace tiempo que entend� que tener vih no es estar condenada a muerte, al menos no en los pr�ximos d�as, no porque el sida vaya a determinar cu�ndo. Desde entonces una leve amnesia me nubla de vez en cuando, me olvido de lo que aprend� cuando cre�a que la vida era tan fr�gil que merec�a cuidados especiales. Est� bien que as� sea, pienso. Nadie puede vivir todo el tiempo pensando que puede morir al d�a siguiente. De hecho supongo que en Bagdad la gente iba al mercado en plena guerra para olvidar que puede morir, para alimentarse, para seguir viviendo. No hay otro modo de resistir m�s que seguir empecinadamente el camino hacia adelante.
�Hay que decirlo o no?, fue la pregunta que descerrajaron los medios durante la semana pasada a todo aquel que viviera con vih y se prestara a la consulta frente a los micr�fonos. El disparador hab�a sido la �confesi�n� de Fernando Pe�a, nada amigo de la correcci�n pol�tica, de su condici�n de �sidoso de mierda�. Uso las comillas para confesi�n porque �se es el t�rmino que usaron los medios y que aprovecharon para extenderlo a otro tipo de secretos develados referidos a las elecciones sexuales de los que se decidieron a hablar. Con la tradici�n cat�lica que llevamos a cuestas es imposible no pensar que en ese acto (el de la confesi�n) est� implicito el pecado y el arrepentimiento, aunque m�s no sea el arrepentimiento de haber caminado por las sombras. Ahora que ya fue dicho es posible que el confesado guarde su bajo perfil, establezca relaciones estables o por lo menos lo m�s parecidas a las que estamos acostumbrados, fieles y heterosexuales. Tal vez por eso la elecci�n de los t�rminos de Pe�a, que lejos de buscar ecos en la compasi�n, suena en los o�dos como una u�a en el pizarr�n. �l dice en voz alta lo que la mayor�a bienpensante murmura o almacena para futuras confesiones (�Hasta que te conoc� no me animaba a tomar mate con alguien que tuviera sida�, por ejemplo). �Hay que decirlo o no hay que decirlo? Obviamente en este marco contestar esa pregunta es un atrevimiento, �c�mo saber lo que HAY que hacer? Cada uno hace lo que puede y sin duda algunos contamos con m�s redes que otros al momento de lanzarse al vac�o. De todos modos imagino que cuantas m�s voces se escuchen, m�s lejos quedar� el espanto y ya no ser� tapa de revista el que alguien se acueste con hombres, con mujeres o con ambos. Y en el caso particular que nos ata�e �el del vih�, tal vez sirva para plantear una zona de grises bastante vital. Quiero decir, en lugar de temer por la fuente de trabajo en el momento en que se dice �vivo con vih�, estar�amos preocupados por mejorar las condiciones laborales de esa misma persona para que vivir m�s, como prometen las pastillas, signifique tambi�n vivir bien. Y s�, estoy hablando de cierta franja de afortunados que alguna vez ingresaron al mercado laboral y otra serie de beneficios. Y s�, ya s� que la mayor�a de los que viven con vih tendr�an que plantear primero c�mo hacer para comer todos los d�as. No s� si hay o no hay que decirlo, para m� es m�s f�cil hablar y dejar que el resto se haga cargo de sus propios temores. Y si se trata de registros, �ltimamente prefiero el de Fernando Pe�a rasgando las vestiduras de quienes inventan t�rminos para nombrar lo que la calle escupe. No hay mejor manera de neutralizar los t�rminos despectivos que apropi�ndoselos, sino preg�ntenle a cualquier amigo gay cu�nto le gusta la palabra puto para usarla entre los amigos. O la palabra torta a cualquier chica que prefiera irse a la cama con otra chica. A m� lo de sidosa me sigue dando en el h�gado, pero como en un juego de ni�os, a lo mejor de tanto repetirla empieza a perder sentido.