Me gusta tu camisa -le dije.
Me miró y me respondió: Compre dos muy parecidas hace cinco años en Zara en el shopping, si, esta linda
Tu chomba también es linda -me dijo.
Hace cuanto sos amigo de Leo??, preguntó.
Leo es Leandro, en realidad debe haber escuchado mal cuando se presentaron, yo no estaba presente en ese momento.
No es mi amigo, es un conocido.
Ah… -me dijo.
Con eso terminé de dejarle en claro la relación que tengo con Leandro mientras éste último volvía del kiosco y se metía por la puerta trasera del auto en donde el chico de la camisa a cuadros roja y yo estábamos teniendo nuestro primer dialogo. Quieren? -dijo Leandro y mostró un paquete de papas fritas.
No gracias -dijimos los dos que estábamos adelante.
Y donde es tu casa? -dijo Nacho, de 28 años que estaba sentado a mi lado.
En realidad parecía mas grande de edad, era más grande físicamente y tenía una actitud muy tranquila.
Estacionó cerca de mi edificio, bajamos los tres y fuimos a mi depto… Ya adentro cuando Nacho pidió permiso para ir al baño, lo miré a Leandro y le pedí que se fuera. No me hizo caso y me respondió: Me voy a quedar, dale Ian aprovecha esta situación!
Entre el cielo y el infierno, lo blanco y lo negro. Sabía que mas allá de la cara de bondad de Nacho y mis intenciones , mis orígenes decían que primaría por siempre lo puro en mi ser, aunque cuando la puerta del baño se abrirera todo sería distinto. Nos sentamos en lugares diferentes. La compu con la música que sonaba y Leandro que estaba tratando de elegir que escuchar. Yo sentado sobre la mesa y Nacho a mi lado en la silla. Los pocos lugares cómodos de mi hogar nos hicieron sentar así. Charlamos de nada porque los nervios se llevaban todo y siempre pensando que Leandro se iría pero él siempre pensando que el juego recién empezaba. Tomé una fibra que había sobre la mesa y escribí IAN en la espalda bronceada de Leandro.
A los pocos segundos se paró y dijo: Bueno, que onda? y se sentó de nuevo.
Que onda que? Vos no te queres mostrar? Sacate la musculosa -le dije.
Se paró y se quitó la musculosa sexy que tenía puesta. La tiró en el suelo y nos miró. Se movía como si estuviera entrenando. Nos miró desafiante. Miré al desconocido que me había atraído tanto en el boliche y le sonreí y pensé: el show está por comenzar….
Disfrutaría del narcisismo de Leandro, de su necesidad de que adoren esos abdominales marcados y dibujados como lo haría Miguel Ángel, de su pecho y sus brazos gigantes dorados como la figura de la famosa estatuilla. No había manera de sacar la atención de ese mini show de unos segundos. Por más que me gustara muchísimo Nacho y que siempre me vaya a arrepentir de haber arruinado por haberlo conocido así, un pibe tan bien como él en esa noche de salvajismo sexual nunca podria volver a hablarme.
Porque no le sacas la camisa?, me increpó Leandro.

Me paré tieso y lo miré a Nacho que también se había parado como presto para las órdenes del “capitán” Leandro. Giré y ví que se estaba como queriendo desabotonarse la camisa, así que me acerqué a ayudarlo. Leandro también se acercó y entre los dos le sacamos la camisa. Quede frente a frente con el pecho descubierto de Nacho y en ese momento lo besé. Un beso en la boca y no lo dejé más. Él tampoco a mi, Leandro se abstrajo de lo que sucedía y se quedó parado atrás. Me gustaba tanto el extraño de la camisa roja que ahora estaba esparcida en el suelo que no pude parar. Se ve que la conexión era la misma ya que me agarró de la espalda y tampoco me dejó de besar. Giramos y caímos sobre mi cama. Leandro parado detrás como voyeur se saco el jean y la mayita tipo slip que tenía y quedo con todo su cuerpo al desnudo. No veía mucho lo que estaba haciendo, en un momento me asomé porque su ausencia me incomodaba. Estamos jugando, jugamos si o si los tres -pensé. El voyeur no es parte, es parte pero es el que domina. No me dejaría dominar por un mirón. Encendió un cigarrillo y miró lo que hacíamos… estiró sus piernas como para seguir en esa postura y ahí lo increpé yo para que sea parte de lo que casi 4 hs atrás había ideado cuidadosamente….
Relato de una historia real de mi amigo Ian…
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